El lenguaje herético del peronismo

November 16, 2019

 

 

A Pepe Ciotta, peronista, canaya, laburante. Maestro Pueblo. Formador de muchos compañeros y compañeras. Que supo andar entre indios, como aquellos que en Bolivia están resistiendo el golpe de Estado. Gracias por el compañerismo, el cariño y esa Fe inquebrantable en el Pueblo. Como dijo Evo: "volveremos y seremos millones". Como dijo otro Indio: "nadie es capaz, no pueden borrar mis recuerdos, nadie es capaz de matarte en mi alma". Ojalá ya se hayan encontrado con el Mica, y juntos nos alumbren entre tanto dolor y miedo.

 

Nuevamente, como decía Rodolfo Kusch, el hedor de la América profunda se enfrenta a la pulcritud de lo irreal. Las contradicciones en Rosario se expresan a través de una lucha entre fuerzas sociales y no entre partidos políticos, parafraseando a John Willliam Cooke. El peronismo encierra en su movimiento demoníaco una violencia incontenible que hace temblar “a los de arriba” y llenar de esperanza a los de abajo. El espíritu combativo del peronismo no está en un museo, ni en un libro, ni en las grandes declamaciones retóricas de dos o tres caudillitos improvisados que se venden como candidatos en tiempos electorales, sino que late vivo en el corazón del pueblo argentino y en la memoria colectiva de las resistencias históricas que dinamizaron al frente nacional y popular a lo largo de su conformación y existencia en estos 70 años.

 

Retomando la idea del reverso de la ciudad para dotar al peronismo rosarino de un espíritu indestructible y de la necesidad del humanismo revolucionario para poner fin a esta crisis existencial de la vida en comunidad en nuestra ciudad, Rodolfo Kusch vuelve a instruirnos: “Es indudable que nuestros luchadores de izquierda y de derecha no quieren advertir que ellos están parados sobre la mitad del hombre como la cigüeña. Ellos sueñan con las reivindicaciones sociales de una masa que no conocen, pero solo para asumir ellos mismos un papel social gratuito, con el secreto afán de convertirse alguna vez en clase dirigente”(1). Kusch nos invita a propiciar, a dejar fluir, a fundirse con el pueblo, no tanto para cooptar y acumular para algún dirigente medio, sino para lograr un amplio marco de identificación con un proyecto histórico que está vivo, que respira, que se reproduce en la periferia y que debe institucionalizarse en organizaciones libres del pueblo (vecinales, clubes, centros de salud, etc) como elementos de nuevos valores y ordenadores de la vida en comunidad, mientras que, en el plano del movimiento, debe avanzar hacia mayores lazos de unidad y organización con otras agrupaciones políticas, sociales, de base, sindicales.

 

De igual forma, Rodolfo Kusch sostiene que “en América no nos podemos limitar cómodamente a aplicar doctrinas. Ella exige ante todo una doctrina que no sólo contemple la necesidad de una transformación de las estructuras sociales y políticas o económicas, sino que también incluya la peculiar manera de ver y de sentir al hombre que alienta en el indio y en el mestizo, eso que llamé en otra oportunidad el estar.”(2) Este llamado imperioso de volver al hombre, la comprensión del mundo desde lo propio, con sus características avanzadas y sus sentidos conservadores, intentando bucear en las contradicciones para contemplar a la vida en el barrio como exponente desde donde partir para proseguir en forma colectiva hacia la acumulación de fuerza popular para organizar mayores núcleos de nuestro pueblo, en una firme construcción de instancias que nos posibiliten disputar –como movimiento político-cultural de liberación humanista comunitaria- la conformación de un Estado de Plena Justicia Social para estar en mejores condiciones frente a los poderes concentrados (grupos económicos), que en nuestra ciudad y provincia se encuentran representados en los empresarios especuladores del negocio inmobiliario, el Poder Judicial, la Mesa de Enlace y los agro-garcas que guardan la cosecha de soja en silobolsa, la Bolsa de Comercio, la Fundación Libertad como usina de pensamiento del orden liberal que le da basamento ideológico al proyecto de la gran burguesía, y la casta política de derecha neoliberal e izquierda abstracta (por ende también neoliberal) que son garantes del statu quo de los poderes económicos en nuestra zona. La solución no llegará por medio de fórmulas mágicas, sino a través de la unidad de base (el trabajo directo con el reverso de la ciudad, los barrios de la periferia, los olvidados, los excluidos, los sin nombre, los sin techo) y la constitución de instancias políticas de encuentro y organización superadoras a las ya existentes, que evidentemente son muy precarias.

 

 

En esto, Rodolfo Kusch es lapidario: “nosotros, como clase media, sometida místicamente a un gran plan, el de la burguesía europea de los últimos doscientos años, herederos de los objetos industriales, imbuidos de esa rara sencillez, como de regla de tres simple con que resolvemos todos los problemas y corregimos siempre al mundo, tensos en medio de una oligarquía ganadera y un proletariado mestizo dentro de una ciudad amurallada, sin tiempo para mirar por lo que está más allá de la muralla, ni lo que está adentro de nosotros, sin una real finalidad en nuestras vidas fuera de esas etiquetas políticas que nos adosamos, o de las cositas que compramos, individualistas acérrimos, aun cuando entramos en un partido de izquierda: ¿Cuándo y con qué medios aceptaríamos ese aporte profundo de América para resolver realmente el problema menudo y fácil de su economía, su sociedad y su cultura? ¿Cómo no vamos a desechar por monstruosa esa pesada humanidad que alienta en el indio de las comunidades agrarias, cuya principal característica y, quizá, la más chocante para nuestros prejuicios de clase media, es la de que vive sin urgencia?”(3) Debemos generar lazos comunes y profundos con nuestro pueblo para conformar un bloque histórico sólido, en donde todas las expresiones culturales que dan sentido a nuestra Patria Grande y la nutren constantemente, que pueda seguir dando batalla contra los enemigos históricos más allá de las coyunturas, y tenga como fin último la felicidad como máximo anhelo de una comunidad organizada. Tampoco hay una receta para encontrar alternativas, sino que es multicausal, como así también lo es nuestro pueblo mestizo. Por ende, toda generación tiene derecho a inventar e insistir en una forma de militancia que trascienda las pautas ya conocidas. Inventemos o erramos.

 

Kusch insiste: “Realmente, ¿Cuándo comprenderemos que la clave no está en arreglar a América, sino en someternos a ella y adquirir el plan de vida que le es implícito? Claro que para ello será preciso que recobremos una idea más profunda del hombre, y no continuemos en este juego gratuito de repetir, marxistas y democráticos, los preconceptos de una cultura burguesa occidental, como si estuviéramos dando la lección prolijamente en la escuela. Es que tenemos un profundo miedo de apartarnos del gran plan. Del otro lado siempre se da el demonio, algo así como la anti-materia en física, algo que nos pudiera hacer zozobrar y que denominamos, un poco tapándonos las narices: peronismo, “cabecitas negras”, montonera, indios, villas miseria, lumpen o lo que fuera. Pero todo ello no es otra cosa que algo que no cumple el plan, sólo porque tiene ya el suyo propio. Porque, ¿Qué pasaría si aceptáramos sin más eso que América trae consigo en su plan en materia política o económica? Ya dijimos que lo peculiar de América, eso que yace en lo más hondo de ella, es su profundo estar, algo así como un dejarse estar, eso mismo que se traduce en Bolivia o en Perú o en el Norte argentino como una imposibilidad de darles a esos países o a esa zona la fisonomía liberal y democrática que toda nación correcta, creemos, debe tener hoy en día. Y nosotros estamos en un ritmo opuesto, una especie de ser alguien competitivo y creador que nos lleva precisamente a disfrutar de los beneficios del siglo XX.

 

Y es más. Ese mero estar de América implica soluciones políticas y económicas contrarias, como comunidad, y economía del amparo en oposición a una economía liberal del desamparo; además, una libertad que sólo se concreta al hecho moral de optar por el bien o el mal, y esa profunda escasez que apunta hacia una ausencia de la propiedad, o más bien, a una indiferencia por parte del indio o del campesino mestizo de lograrla con su propio esfuerzo. ¿Y vamos a asumir esa característica y hacerla propia? ¿Quién sacrificaría sin más eso de que está hecho en la gran ciudad y sustituye la sociedad civil, en la cual todos hacen lo que quieren y pueden guiarse por sus propios intereses, por la comunidad en la cual todo está reglamentado? ¿Quién reemplaza además el individuo por la totalidad, la libertad de tener propiedades por la libertad moral, la inteligencia por la simple fe?

 

Razones de historia y además ese afán de sentirse cómodo en medio de sus categorías ya adquiridas y defendidas por todos, lo impiden. Acaso, ¿Quién nos saca la convicción de que estamos usufructuando la máxima expresión de la vida, la más confortable y la más inteligente en la evolución de la humanidad?”(4)

 

Básicamente, el peronismo en nuestra ciudad se encuentra en una disyuntiva: consolidarse como un bastión de la cadena liberal del sentido común dominante (junto con el intendente Pablo Javkin (ex Lilita Carrio), lo que queda del Frente Progresista Cívico y Social, los radicales de Boasso, Schmuck, Rossua, y el PRO de Lopez Molina y compañía), o deja salir su barbarie, su sentido de pertenencia, aquél subsuelo de la patria sublevado que se convierte en hecho maldito del país burgués, construyendo poder popular para llegar a comandar los resortes del Estado a través del reverso de la ciudad: las comunidades que integramos los barrios.

 

A modo de conclusión de este escrito, Rodolfo Kusch vuelve, una y otra vez, a invitarnos a la reflexión en torno al movimiento peronista que queremos afianzar desde sus raíces: “la historia argentina para una clase media apenas comienza con el gobierno de Yrigoyen, porque con él asciende al poder, luego pasa al llano con la reacción y es desmembrada durante la época de Perón, quien le frustra su afán de convertirse en clase dirigente.”(5)

 

El peronismo tiene un lenguaje herético cultural, que incomoda, que viene a romper con las líneas liberales del Estado, el pueblo, la vida en comunidad, la democracia, etc. El peronismo le saca una ventaja importante a otros discursos supuestamente combativos (como la izquierda), ya que el peronismo es praxis: disputa poder real con la clase dominante, ya que tiene la acumulación de fuerza para hacerlo. Rosario no aguanta más y nosotros, las fuerzas populares, diseminados en muchos puños que no golpean juntos contra el enemigo histórico en nuestra zona. Ha llegado el momento de la unidad más allá de las organizaciones políticas y que el peronismo trascienda, en nuestra ciudad, como un elemento cultural que rompa con la destrucción social a la que nos está llevando el Frente Progresista Cívico y Social. Las respuestas, como siempre, se encuentran en nuestro valiente pueblo, reserva moral de la Patria.

 

Notas

1) Kusch, Rodolfo, Obras Completas volumen I (Rosario, Santa Fe), 2007, pp. 314.

2) ibid, pp. 314.

3) Ibid, pp 315-316.

4) Ibid, pp 316-317.

5) Ibid, pp 307.

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