Cine y Peronismo en el laberinto

October 3, 2019

 

 

 

Como una fina capa de niebla que cubre la historia argentina de extremo a extremo, que busca convencernos sobre la idea de finitud e, influenciados por alguna entidad maligna y cobarde, nos viéramos obligados a reconocer que en cada etapa histórica de nuestro país estamos empezando desde cero pero con los mismos actores políticos, sociales, económicos y culturales, de ese mismo modo se abalanza el peronismo sobre nosotros. 

 

A algunos los abraza con su fuego para siempre en la misma vereda de sus intereses, ambiciones y gritos de justicia social (y en este “para siempre”, en cambio, si hay una idea de eternidad); a otros, simplemente, los coloca en la vereda de enfrente, que se ven en la disyuntiva de tener que encontrar o crear herramientas político-culturales que le permitan disipar la niebla, sino destruirla, mandarla bien lejos. Desaparecerla. Nadie queda ajeno al terremoto cultural que significó el peronismo en nuestro país y en el mundo.

 

Las palabras, como las acciones, no son inocentes. Una cámara dice mucho más que simples palabras acumuladas unas tras otra, empujándose para intentar dar forma a una idea. Pero, ¿cómo construir una idea desde una cámara, con planos, escenas, secuencias, encuadres, etc?. Esa fue la pregunta original del cine, como también la del peronismo: ¿Cómo construir una idea desde lo propio, desde la tierra que pisamos y trabajamos, desde el territorio como un espacio en disputa y a consolidar? En definitiva, construir una visión del mundo desde acá, y en base a conocernos profundamente, poder conocer también el mundo en el que estamos.

 

¿Acaso será suficiente pensar en que tanto el cine como el peronismo son representaciones de la realidad o, cada uno ellos es a su modo una parte fundamental de la realidad y, por ende, no necesita ser explicada por conceptos ajenos a los propios que supo construir? Sabiendo que las categorías (y dale con esa manía de categorizar todo según los patrones estructurales heredados) no son absolutas y que están en constante movimiento: Pueblo, Patria, Nación, Libertad, Justicia, Democracia, etc, etc.

 

Siguiendo la línea de preguntas, más necesarias que nunca: ¿Qué poder tienen hoy el cine y el peronismo para dar vuelta el estado de las cosas en el que nos encontramos? ¿Cuál es el punto de partida de cada uno de ellos y en que estado de desarrollo están para conseguir sus fines político-culturales? ¿Hay una estética ortodoxa del cine/peronismo o tienen estéticas diversas, contradicciones que pueden empujar discusiones superadoras, o son solo imitaciones de otros movimientos político-culturales que están manifestándose en estos primeros años del siglo XXI? ¿Estamos asistiendo también al fin del peronismo y el cine como espacios de reflexión colectiva, o estamos en transición hacia otra cosa, un merengue de expresiones rimbombantes, con capacidad de instalar lemas brillosos (no por eso brillantes), pero sin la profundidad de poder discutirlos hasta desgranarlos y ver que nos están proponiendo realmente?

 

Pareciera que el nuevo juego de los dueños del mundo y los socios locales (los que concentran mayor cantidad de dinero y desde ahí digitan una visión de la realidad que le conviene a mantener y engrosar sus cuentas bancarias y las acciones que tienen en la bolsa), es darnos la “libertad” de elegir aquello que nos guste del cine/peronismo y desechar aquello que no nos guste, o que nos moleste, o nos quite el sueño de noche. Dos movimientos político-estéticos-culturales que deben ser exorcizados para amoldarse a la figura del capitalismo, pero que poco podrían ofrecernos a nosotros, el pueblo.

 

Cabría preguntarse, entonces, ante la demanda de la oligarquía financiera y nuestros buitres que tanto pulularon con evidente desparpajo por los limpios set de televisión llevando la palabra del “dio$ dinero”, si en esta elección especulativa que nos invitan a tomar lo que nos conviene y a sacar la “mugre” que me enfrenta a la contradicción y al lugar incómodo, no estaré terminando con la idea autoconciente del cine/peronismo (dos movimientos que no necesitan ser explicados por otros medios, sino que tienen sus propias formas de expresarse, y que saben también de lo que son capaces de hacer), solo para volverlos una hermosa fotografía/partido político que sean políticamente correctos y muchísimo más cómodos a los intereses del enemigo. ¿Por más que a una madera se le limen las asperezas, deja de ser una madera?

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