El libro de Javier (VI)

 

Brindamos y picamos algo al pasar en la noche de navidad, mientras los fuegos artificiales se disipaban de fondo. Los animales, mucho más calmados que cuando habíamos llegado, volvían a su ritmo habitual. Mientras el silencio se apoderaba de la noche exterior (al menos, el silencio aparente del paisaje), Jorge nos invitaba a pasar a la sala principal para sentarnos en la larga mesa de madera y unas sillas muy raras, antiguas, como salidas de un cuento épico.

 

Ni bien nos sentamos, Jorge tomó la palabra y dio inicio a la reunión:

- Los aquí presentes, María Luján Virgilli, Rebeca Capuccino, Javier Hernández y Jorge Pietro, conformaremos el grupo “Climax”, expandiendo su arista editorial hacia nuevos autores nacionales e internacionales, nos encargaremos de la reedición de clásicos de la literatura universal e iniciaremos el proyecto de producción cinematográfica, de la cual se hará cargo Rebeca. Esta es la novedad más importante: en un momento donde la imagen se apodera de nuestra vida y se vuelve una necesidad de los tiempos, consideramos fundamental generar un cine que nos devuelva la capacidad de interpretar simbólicamente y comprender el mundo con desde un lugar con los pies en la tierra y con el espíritu lleno de gracia para poder captar cada rayo de sol y renacer luego de la noche más oscura.

 

Luego de la presentación, Rebeca aceptó su responsabilidad sobre el cine. La miraba y no podía creer en lo que se había convertido la niña que conocí hace 20 años. Era una mujer decidida a mantener vivo un legado. Luján agregó que parte del plan era sobrevivir, que nos estaban persiguiendo por lo que representábamos y por la libertad que pregonábamos en medio de un clima de época oscurantista. “Debemos mantenernos vivos porque nosotros tenemos algo que ellos quieren: nuestras palabras”, remató Jorge, y sacó un mapa que tenía guardado en un cajón del escritorio. Señalando hacia distintos puntos cardinales, dio instrucciones precisas:

 

- Luján, vos vas a viajar a Bolivia. Estarás a cargo de la parte editorial de Climax y los contactos internacionales con escritores y editores. Ya está todo arreglado. Tenemos una casa desde donde vas a operar; Rebeca va a hacer lo propio pero desde Mendoza. Volver a filmar desde nuestras raíces, convocar a artistas locales, vincularnos con el paisaje y dejar que nos atraviese; Javi, vos vas a ir al sur, a Tierra del Fuego, y vas a escribir desde ahí. Necesitamos de tus letras para dar la batalla desde la literatura. Júntense cada tanto para poner la maquina en funcionamiento y cuídense mucho. El enemigo nos sigue los pasos pero tenemos que saber esquivarlo y no caer en las trampas fáciles que nos pone. Tengamos temple de acero y seamos siempre solidarios entre nosotros. A mí ya me queda poco tiempo, así que pasaré mis últimos años aquí, en esta quintita, mi pedazo de tierra por adopción, pero no por eso, menos mía. Tienen las claves de los sistemas que usamos y para hacer transferencias bancarias. Ahora subamos las escaleras que hay algo más que quiero mostrarles.

 

Así pasamos la madrugada y, al día siguiente, una traffic nos esperaba para llevarnos al aeropuerto y emprender nuestro último viaje. Despedimos a Jorge, entre lágrimas y risas, y nos subimos al móvil para arrancar el trayecto. En el camino, saqué uno de los cuadernos que me regaló Jorge cuando subimos las escaleras y comencé a escribir. Por fin, tendría tiempo para redactar tranquilo. Y así fue, puse a trabajar mi cabeza y salió la primer oración: “Por más que fume, la inspiración no llega. Tengo la cabeza saturada y no es de ideas, lamentablemente.” Así arrancaba entonces, la aventura que tienen entre manos.

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