El Tigre

“En cambio la verdad no se alimenta con verdad ajena”

(“Si me vieras por dentro”, de José Larralde)

 

Había escapado de la estancia

bien temprano a la mañana

con el poncho rojo

como un manto sagrado,

cubriendole el pecho y la espalda

de hombre bravo y justiciero.

 

¡Alazán, Alazán!, caballo que siempre galopa,

no te frenes, no te canses,

que todavía queda mucho por trotar.

Estas tierras tan malditas tienen babas,

no de penas ni de olvidos,

juntas babas de bestia y animal.

 

Desde siempre, desde siempre soy un renegado.

Los parroquianos con los que comparto el trago

no pueden seguirme el rumbo,

solo saben mirar pa bajo por el miedo

que el patrón le ha fijado.

 

Soy un viajero sin rumbo,

mezcla de cura y guerrero,

unido al destino del país anda mi credo,

mi única verdad es la que conservo

entre el puñal y mis recuerdos.

 

 

Guiado por el sol durante el día,

atajao por las estrellas en la noche,

un cristo de la tierra ya sin nombre.

Puede faltar comida y cobre,

pero no me jodas, zangano,

correte o te achuro con el facón

en el cuello, en la panza o en los huevos.

 

Tumbas se alzan en el medio del camino,

no hay de piedras ni de mármol,

solo hay huesos y pedazos de ganado.

Un pasado bestial y un futuro iluminado

por un presente artificial.

 

Un epitafio, solitario, triste y final

que manduca toda vida,

y la condena a la austeridad

más cruda y criminal,

mientras el patrón se lava las patas

con la leche que los pibes no pueden tomar,

mientras el patrón tira la bronca

a los pobrecitos, a los nadies

solo porque algunos tienen que sufrir,

como tributo al dios dinero

y a la pantera de la usura,

que con sus limpias garras

me planta batalla sin dudarlo,

y como un tigre de los llanos

me apresto a desenvainar.

 

Le apunto a la yugular para arrancar

alguna victoria temprana,

la bestia sigue tirando, y me amaga.

Sabe aprovechar su magia negra

para tumbarme contra el suelo,

pero este bruto no sabe

que esta tierra es mi tierra

y que de ella brota mi fuerza

con la cual he de triunfar.

 

Con mi facón le abro el pecho,

alaridos de dolor, sangre desparramada,

era más ingenio que fuerza,

pero acá también sabemos de magia.

La verdad es una sola,

y hoy se confiesa

un forastero que no cesa

en su búsqueda interminable

de la felicidad del pueblo

y de la justicia eterna.

 

 

 

 

 

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