Amor y dolor: el compromiso político de Evita

 

Intentar escribir unas líneas de presentación para Eva Perón siempre termina transformándose precisamente en eso: un intento. Dependientemente de la pluma literaria del escritor -y de su ideología, claro está-, podremos estar frente a un "ángel o diablo", en referencia a la manera que han tenido los principales narradores de la historia oficial para encasillar a determinadas figuras nacionales por su actuación política. En definitiva, si dejamos la historia en manos de los mismos que abrazan las causas de la oligarquía, nos limitamos a conocer únicamente el estigma que cargan los grandes líderes populares de nuestro país y de la Patria Grande latinoamericana. El caso de Eva Perón evidencia estas prácticas historicistas. Sin embargo, la imagen de mujer corajuda, sensible, valiente y conciente del lugar histórico que ocupó desde la Fundación Eva Perón, sigue siendo una constante en la identificación consensuada que hacen tanto liberales, progresistas, peronistas, comunistas y hasta, en algunos casos, algunos sectores de la burguesía que intentan reproducir en Evita un alma voluntarista desprovista de toda ideología (casi como un sentido "maternal" hacia el descamisado), el mismo parámetro de "paternalismo" que realizó la oligarquía con los gauchos: molestaban como actor social, pero eran parte del "paisaje" y había que domesticarlos mediante una limosna, en el mejor de los casos. Quienes hacen esta lectura de Eva, no sólo están equivocados, sino que están ubicados en las antípodas del pensamiento y el compromiso de "esa mujer", que intentaremos empezar a dilucidar en los próximos párrafos. ¿No es acaso la construcción de conocimiento una serie de intentos, buscando distintas variantes para lograr la continuidad y la profundidad de los enfoques?. Esperemos que así sea.

 

El Amor

 

Comenzar hablando de "amor" como frase hecha es algo que caracteriza a escritores de distintos géneros literarios. También, en parte, se lo debemos a siglos de humanidad en los cuales el amor se ha transformado en un tema central en nuestras vidas y en gran parte de la conformación de la personalidad de cada uno de nosotros. En ese limbo, muchas veces, los poetas se dejan llevar por el sendero de la pasión, que en su caso es una "pasión orgánica", debido a que no solo sufren y viven la vida como un lamento interminable, sino que además viven de ella y les otorga más capacidades sensitivas cuando la inspiración es necesaria. Como contrapartida a la vida del poeta aparece la idea del compromiso político-social de Evita y aquí tenemos que hacer una salvedad importante antes de continuar el relato: lo político y social no son una mera descripción de dos categorías que podrían ir separadas una de otras, sino que lo político existe cuando es el pueblo quien lleva adelante esa práctica y, de igual manera, lo político resurge cada vez que el pueblo (la identidad nacional) brota inconteniblemente desde el "subsuelo de la Patria".

 

Retomando el análisis, Eva Perón es la contracara del poeta: su vida está regida por el amor y el dolor, pero no como consecuencias de una vida de sufrimiento extremo-como sí lo es en el caso del escritor-, sino como práctica liberadora y motores políticos para conectarse con lo colectivo, con el otro, con su pueblo amado, con sus "cabecitas negras", con sus descamisados. Todo en Evita se traduce por medio de la relación de amor sin medida entre la causa del pueblo y la imposibilidad de convertirse ella misma en la materialización concreta de las esperanzas de los más humildes. A través del pensamiento de Eva podremos esbozar una lógica del compromiso militante con la Justicia Social que entronca con aquello que "aún falta hacer" pero el tiempo o la coyuntura nunca dan lugar a realizar. En el caso de la Jefa Espiritual de la Nación, esas imágenes aparecen atravesadas por una carga emocional de amor, por un lado, y dolor, por otro, pero ambas en dosis equilibradas.

 

Decíamos antes que Evita representaba la imposibilidad de transformarse en la concreción de las causas pendientes que aún se sostienen a lo largo de nuestra historia. De esta forma, este trabajo apunta a pensar a Eva Perón como una militante comprometida, que realmente no se quitó el alma que trajo de la calle y por eso pudo entablar un diálogo fraterno y consecuente con el pueblo, casi sin intermediarios más que la doctrina justicialista que impulsaba Juan Domingo Perón, parte constituyente de su Amor por la vida y que la llevó a abrazar y defender las causas nobles, de la misma manera que conocía muy bien a los enemigos de la Nación. Sin embargo, Evita puede pensarse también como una figura que siempre se nos presentará fragmentada, casi apareciendo en el centro de la escena por momentos y confluyendo su práctica militante en generaciones posteriores que sintetizaron su ejemplo con el del Che Guevara. Es decir, el compromiso de Eva para mejorar la vida de los más humildes trascendió los límites que indica el reloj biológico y sigue marcando a millones de argentinos.

 

El Dolor

 

La otra parte constitutiva de Evita en su praxis es el dolor. Transcribo a continuación unas líneas pertenecientes a "Mi Mensaje", libro publicado con posterioridad a su muerte y que Eva escribió meses antes de fallecer, cuando luchaba con todas sus fuerzas contra el cáncer:

 

"En estos últimos tiempos, durante las horas de mi enfermedad, he pensado muchas veces en este mensaje de mi corazón.
Quizás porque en "La razón de mi vida" no alcancé a decir todo lo que siento y lo que pienso, tengo que escribir otra vez.
He dejado demasiadas entrelíneas que debo llenar; y esta vez no porque yo lo necesite. No. Mejor sería acaso para mí que callase, que no dijese ninguna de las cosas que voy a decir, que quedare para todos, como una palabra definitiva, todo lo que dije en el primero de mis libros, pero mi amor y mi dolor no se conforman con aquella mezcla desordenada de sentimientos y de pensamientos que dejé en las páginas de La razón de mi vida".


Este párrafo ejemplifica lo expuesto anteriormente: Evita siente que, ante la inminencia de la muerte, ha dejado pensamientos abiertos que necesita repensar y volver sobre ellos para profundizarlos, entregando en "Mi Mensaje" un relato personal dramático, pasional y que ahora deposita en las manos del pueblo argentino para defender las conquistas sociales del gobierno peronista. Eva sostenía que la continuidad de su lucha se daría mediante el empoderamiento popular. Y ciertamente, no se equivocó. La resistencia peronista -época que también está cargada de heroísmo, dramatismo y tragedia- tiene una carga subjetiva que estará marcada por el legado de Eva Perón.

 

Para terminar -al menos por ahora-, comprendamos en su justa medida el Amor y el Dolor que harán de Evita una bandera inquebrantable de las esperanzas populares de este país: "Quiero demasiado a los descamisados, a las mujeres, a los trabajadores de mi pueblo y, por extensión, quiero demasiado a todos los pueblos del mundo, explotados y condenados a muerte por los imperialismos y los privilegiados de la tierra. Me duele demasiado el dolor de los pobres, de los humildes, el gran dolor de tanta humanidad sin sol y sin cielo como para que pueda callar." Aquí, los motores de lucha se transforman en potencia revolucionaria para revelar una verdad colectiva, para iluminar los procesos de liberación que se desarrollaban en aquél entonces, que se profundizaron en los 60/70 y que ahora están retomando con fuerza en América Latina y otras latitudes del mundo en forma de resistencia al neoliberalismo. ¿Podremos como humanidad iniciar un nuevo siglo victorioso? Gran parte de ello dependerá que las bases fundamentales en las que asentemos nuestros pensamientos y prácticas estén ancladas en la realidad nacional y por sobre todas las cosas, en una ética popular y humanista que nos ofrezca una salida ante la barbarie del capitalismo imperial, financiero y saqueador. Es Evita, nuevamente, la encargada de generar en nosotros mismos esas palancas de cambio para impulsarnos a la actuación en política y a transformar las estructuras que sean necesarias modificar en pos de un objetivo supremo: la felicidad del pueblo argentino.

 

"Quiero rebelar a los pueblos. Quiero incendiarlos con el fuego de mi corazón. Quiero decirles la verdad que una humilde mujer de pueblo !la primera mujer del pueblo que no se dejó deslumbrar por el poder ni por la gloria! aprendió en el mundo de los que mandan y gobiernan a los pueblos de la Humanidad."

 

 

 

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