El Pueblo hace y reescribe la historia nacional

April 25, 2019

 

"El revisionismo se mueve en las avanzadas de esa modificación social, de esa marcha hacia el reencuentro con el pueblo, recrea condiciones de paralelismo con el momento histórico adulterado." (Arturo Jauretche en "Política Nacional y Revisionismo Histórico".)

 

La falsificación histórica y la lucha de los sobrevivientes

 

En el artículo anterior, hacíamos hincapié en la forma que el revisionismo histórico, en primer lugar, se había constituido como una trinchera de la formación del pensamiento nacional para poder potenciarlo hacía nuevas formas de interpretar los procesos políticos y dotar al pueblo en su experiencia política, tanto desde su forma movimientista como desde la conducción estratégica del Estado. También, habíamos reafirmado la necesidad de los autores nacionalistas de consolidar a la práctica revisionista como una marca indeleble que acompañe esas construcciones populares para continuar con el relato de las mayorías democráticas mediante un lenguaje y conceptos propios.

 

En cuanto a la falsificación histórica, uno de los puntos más candentes de la discusión sobre la interpretación de los hechos y de la matriz ideológica con la que se los comprende, Arturo Jauretche razona implacablemente que "extinguida la vieja sociedad argentina, y frente a la falsificación histórica, ella sólo pudo ser contradicha por los sobrevivientes, los testigos de un momento vivo. Será necesario otro momento histórico, un momento de revisión social e ideológica, que provoque la surgencia de las fuerzas reales de la sociedad, para que se cree el ambiente propicio a repensar la historia, a comprender desde otro punto de vista las estructuras artificiales que se han creado, y para cuya subsistencia se hizo una historia también artificial." Esta visión de Don Arturo nos propone, por un lado, combatir a la hegemonía cultural de la oligarquía -los que niegan la historia de los pueblos- a través de las formas de producción de subjetividades populares y su perpetuidad a través de la historia como memoria que habita en el corazón del pueblo argentino. Es desde ese lugar que debemos construir nuestra Patria Grande, y allí se encuentran depositadas las esperanzas para continuar empujando la historia hacia adelante: hacia la definitiva liberación nacional.

 

Debemos actuar como narradores y constructores históricos de otra realidad política; debemos apelar a la construcción de un movimiento nacional y popular amplio, con todas las diversas corrientes que pueden nutrir y oxigenar la experiencia democrática de las mayorías populares para lograr un quiebre en el empate hegemónico que se produce entre la neo oligarquía cultural y el frente nacional. Como bien dice Jauretche, debemos producir -o ayudar a producir, mejor dicho- la surgencia de las fuerzas, que el subsuelo de la Patria se subleve nuevamente para continuar transitando el camino de la transformación en clave de hermandad latinoamericana. Nuestra historia la escriben los sobrevivientes de las masacres, los que resisten la exclusión política, moral e histórica de los poderosos dueños de estas tierras. Los pueblos de la América Latina, hasta el día de hoy, siguen enseñando el camino a seguir para hacer del mundo un lugar mucho más justo y habitable para todos.

 

La izquierda mitrista

 

En su libro "La larga lucha de los argentinos", el historiador Norberto Galasso desarrolla la historia de las corrientes historiográficas nacionales, y respecto a la manera en que la izquierda abstracta (un concepto que también maneja Galasso) caracterizó al peronismo, sostiene que "algunos sectores socialistas y comunistas reconocen los avances sociales producidos, pero los imputan al propósito de engañar a los obreros por parte de "la burguesía y el dictador" y difunden la tesis según la cual el peronismo es el dique de contención usado por la burguesía para impedir la Revolución Social que los partidos de la vieja izquierda se disponían a concretar. Incluso alguna "izquierda -mientras Perón consolida la industrialización y nacionaliza empresas británicas- lo califica de "agente inglés" (Nahuel Moreno)." La utilización del concepto "izquierda mitrista" es pertinente entonces porque entronca en una misma línea al liberalismo de derecha como al de izquierda, ya que sostienen los mismos argumentos -y confluyen además en términos políticos bajo la bandera yanqui y el embajador Spruille Braden- para desacreditar al Presidente Juan Domingo Perón y desde el primer día de gobierno comienzan con el complot para derrocarlo. Lo logarían diez años más tarde, luego de haber bombardeado la Plaza de Mayo, contando con el visto bueno de la iglesia católica, medios de comunicación y sectores reaccionarios del ejército. La Junta Consultiva que legitimó "La Fusiladora" estuvo integrado por los representantes del Partido Socialista Américo Ghioldi, Alicia Moreau de Justo, Ramón Muñiz y Nicolás Repetto.

 

Arturo Jauretche es categórico y lapidario a la hora de definir el rol que ocupó la izquierda mitrista en la política argentina: "no ha tenido ninguna significación masiva y ha quedado siempre reducida a un campo intelectual común con el liberalismo, el de la "intelligentzia" cosechando pequeños disconformismos burgueses, inquietudes epidérmicas de estudiantes o escritores, en el intervalo hasta la hora de los tejidos grasos. Constituyen sólo una suma de posturas individuales."

 

El revisionismo como posibilidad de potenciar el pensamiento nacional y la política popular


De eso se trata pues, este escrito; de la posibilidad de continuar construyendo un pensamiento nacional que desarrolle un paradigma nuevo para aportar -desde la subjetividad de las distintas disciplinas y la práctica política popular- modelos de defensa de la soberanía y vislumbrar más y mejores conquistas sociales desde el Estado y el movimiento. Estos escritos solo han sido puntas o líneas para sumarnos al debate del compromiso del intelectual con la Patria, con la soberanía nacional, con esa idea histórica de los Estados Unidos de América Latina. Debemos, entonces, asumir estas responsabilidades como integrantes de un movimiento amplio que debe aunar en su seno las corrientes peronistas, radicales, socialistas y de la izquierda nacional, para oxigenar sus bases militantes y, sobre todas las cosas, encontrar el cause común entre la construcción de conocimiento y el mundo de los trabajadores. Una cosa no puede ir separada de la otra. El revisionismo, si quiere superarse como práctica histórica, debe utilizar todos estos elementos.

 

Arturo Jauretche nos empuja a pensar esos caminos de reconstrucción del revisionismo, con su certeza inquebrantable, y sostiene que "en tal momento la tarea revisionista deja de ser la destrucción de la historia falsificada y obliga al historiador a apartarse de la posición necesariamente polémica, negativa, de la etapa anterior. Necesita objetivarse para una nueva polémica, desde la historia ya cierta que debe interpretar." Podemos deducir -de ello- que debemos debatir y discutir estos tiempos políticos con las herramientas analíticas que nos aportan nuestros pensadores nacionales, no solo para dar una conceptualización adecuada a nuestra propia realidad, sino también para transformarnos en intelectuales orgánicos colectivos, y ello implica estudiar y producir un contenido apto para la práctica política en el terreno concreto de la toma de decisiones. No debemos comportarnos como hombres metafísicos; tenemos que desarrollar la organización necesaria para conseguir los resortes del Estado y, desde allí, cambiar la realidad mezquina y obsoleta. Si somos concientes de esto, tenemos que pensar siempre en la construcción del poder popular. Ahí estará la victoria de los próximos debates y hechos políticos de la Argentina que vendrá.

 

Las fuerzas del pasado siguen teniendo una hegemonía cultural, pero desde el revisionismo podemos dar una lucha contra la línea de defensa mitrista. Don Arturo brinda la esperanza necesaria para creer que podemos hacerlo, solo tenemos que crear desde el corazón del pueblo argentino: "lo vivido no se puede suprimir, como pretendió la Revolución Libertadora, que intentó borrar por decreto doce años de historia argentina, la más inmediata, no interesa saber si buena o mala, pero que es historia; después lógicamente no pudo entender nada, ni en política ni en economía, ni en cultura: en todo. Su posición antihistórica la cegó para toda comprensión y vuelvo aquí a repetir lo que antes he dicho: al reaccionario lo caracteriza, mejor que sus ideas, su incapacidad para comprender la realidad que lo desborda históricamente; no quiere ver la historia porque él mismo es la antihistoria, lo superado." Queda claro que no han podido callar la voluntad popular, ni desaparecer la experiencia política de este bravo pueblo. Mientras continuemos elaborando la historia del movimiento, del subsuelo de la Patria sublevado, de los cabecitas negras, de los descamisados, de los caídos del mapa, estaremos en presencia de la eterna lucha del pueblo argentino por su liberación nacional y revolución social.

 

Consigna jauretcheana: rehacer la historia


Para finalizar (al menos por ahora), es pertinente hacerlo con una frase de quién ha sido el alma de estos escritos: el gran Arturo Jauretche. Sin lugar a dudas, rehacer la historia desde los movimientos populares y su participación en la política del país abre miles de puertas para empezar a estudiar, a formarse y a desarrollar nuevas teorías y conceptos. Estará en cada uno de nosotros, vinculados en un profundo sentido de pertenencia  humanista con la comunidad que nos realiza, poder saber responder el llamado de esta consigna jauretcheana:

"Hay que rehacer la historia, para poner al descubierto cuáles son los factores que han jugado en ella. Los que han jugado hacia el cumplimiento de nuestro destino natural y lógico, y los que han jugado contra. Descubrir el pasado es descubrir el presente, pues pueden variar los nombres de los actores, y pueden variar los poderes extraños e interesados pero la política de un país es necesariamente la resultante de un conflicto de fuerzas, de medios y fines. Toda política que no parta del conocimiento de ellos no puede ser una política nacional, y la historia es el gran escenario donde esas fuerzas se ponen al descubierto para manejarse a favor o  en contra."

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