Revisar la historia es mirarla con ojos argentinos

April 22, 2019

 

La frase-consigna que da título al artículo pertenece a José María Rosa, uno de los historiadores nacionales más importantes y paradigmáticos del revisionismo en nuestro país. En esta segunda entrega, abordaremos el recorrido del revisionismo para rescatar las líneas elementales del pensamiento nacional y constituirse en una trinchera de resistencia frente a la historia oficial, como así también el pasaje hacia una metodología superior que posibilite avanzar sobre el liberalismo de izquierda y de derecha. Si revisar la historia es mirarla con ojos argentinos, significa que el camino para encontrar la raíz de nuestra identidad, en íntima relación con la América profunda, está contenida en las experiencias políticas y culturales que nuestro pueblo ha sabido construir en determinados momentos de nuestra vida nacional. A partir de este razonamiento, Arturo Jauretche sostendrá en "Política Nacional y Revisionismo Histórico" que "la Nación es una vida, es decir, una continuidad, noción elemental, pero que, sin embargo, escapa generalmente al pensamiento académico del país, tal vez en la misma medida en que está desvinculado del mismo."

 

El revisionismo como trinchera popular frente a la historia mitrista

 

"Lo nacional está presente exclusivamente cuando está presente el pueblo, y la recíproca; sólo está presente el pueblo cuando está presente lo nacional." (Arturo Jauretche en "Polìtica Nacional y Revisionismo Histórico.")

 

En un primer momento, el revisionismo histórico se conformó como un espacio de intelectuales nacionalistas que centraron su atención en los acontecimientos del pasado, haciendo relecturas sobre determinados personajes históricos y, fundamentalmente, poniendo en contexto las decisiones políticas que cada uno de ellos llevó a cabo en el tiempo y lugar que le tocó dirigir los destinos del país. La discusión sobre los proyectos y programas de Nación, desde la Revolución de Mayo, pasando por Juan Manuel de Rosas, la batalla de Caseros y el triunfo mitrista, Sarmiento, la Generación del 80, Julio Argentino Roca, la consagración de la oligarquía como un actor dominante de la cultura, la economía y la política en nuestro país muestra a las claras que los principales aportes iniciales que realiza el revisionismo es la de demostrar que hemos vivido "de prestado" sobre nuestras ideas, es decir, la realidad nacional queda opacada por el romanticismo de las elites económicas y las clases ilustradas culturales que se transformarán en los dueños históricos de la "Patria Chica" que ideológicamente defendió Domingo Faustino Sarmiento.

 

Basta con leer al propio Jauretche para comprender aún más como ha operado la historia oficial durante décadas: "Toda la historia oficial -de iluministas o no y así hayan empleado el aparato formal de la ciencia histórica al servicio de los supuestos previos que constituyen su característica iluminista- se basa en la exclusión de la sociedad, de los movimientos de las multitudes, y de la realidad económico-geográfica en que se asientan y de la vida cultural propia que representa su continuidad (...) Los personajes, como los de Carlyle, determinan la historia que es una historia de santos y diablos, y de pecados y de virtudes, según sirvan o no la política de esa historia." La sistemática exclusión de los movimientos populares de nuestro país (federalismo, rosismo, yrigoyenismo, peronismo) a través de la herramienta del falseamiento histórico hegemónico -palanca de cambio que siempre ha estado en manos de la oligarquía terrateniente y cultural-, intenta además desvirtuar el sentido patriótico profundo que contienen estas expresiones políticas que el propio pueblo ha sabido crear mediante la lucha, la resistencia y la defensa de sus intereses democráticos.

 

La historia de espaldas a los Movimientos Nacionales y el Pueblo


Para poner nuevamente en contexto la discusión en la que interviene Arturo Jauretche, basta con recordar sus propias palabras, cuando enuncia en PNyRH(1) que "la nueva presencia del pueblo en el Estado, excluido después de Caseros y que reaparece con Yrigoyen con una expresión política de vago sentido social, se profundiza en el proceso de 1945, que se expresó con Perón, con el predominio de lo social y lo económico sobre lo político." Aquí también Don Arturo introduce un planteo acertado: el de la propia dinámica del pueblo argentino que ha ido madurando políticamente, en un proceso de acumulación histórica en términos de creación de subjetividad y de reconocimiento en liderazgos estratégicos, poniendo de manifiesto la continuidad de una tradición nacional y popular que atraviesa desde la segunda mitad del siglo XIX hasta nuestros días.

En cuanto al espacio temporal que centra su estudio el revisionismo histórico, Arturo Jauretche sostiene que "se ha particularizado en un momento de la historia argentina: el que va del año veinte a Caseros, aunque cada vez se extienda más hacia atrás y hacia adelante (...) Nada se puede entender sobre esa época ni lo que ocurrió más adelante si no se trata de entender lo que significó Rosas, como nada podrá entenderse de esta contemporánea si no sabemos, nos guste o no nos guste, que significó Perón y en que medida no es el peronismo resultado de Perón sino a la inversa: Perón resultado del peronismo considerado éste como proceso histórico, como nombre de las nuevas condiciones creadas en el país por su evolución." Estos grandes movimientos heterogéneos que han nutrido los procesos de liberación nacional en nuestro país y que ofrecieron a lo largo de las décadas incansables militantes, intelectuales y revolucionarios consustanciados con la formación de una Patria Grande, trascienden a su vez a los líderes que los conducen. Jauretche se enfoca en Perón para ejemplificar que el peronismo es y seguirá siendo la matriz ideológico-política de la expresión mayoritaria del pueblo en tanto y en cuanto la evolución del proceso histórico (avances-retrocesos, Estado-Movimiento) encuentre al peronismo en la primer línea de batalla de los principales conflictos, disputa y puja de poder con los sectores conservadores, es decir, con la derecha política y los grupos económicos.

 

La posibilidad de pensar una política nacional

 

"Pensar una política nacional exige pensar en el país como es, en su geografía, en su población, en su economía, en su cultura. Es como es, ha sido y será: es decir, con una visión dinámica. Y pensarlo de una manera concreta, cosa imposible de realizar si los datos comienzan por ser falsos." (Arturo Jauretche en Política Nacional y Revisionismo Histórico)

 

Antes habíamos mencionado el falseamiento histórico (concepto en el que nos detendremos en el próximo artículo), pero vayamos dejando algunas puntas abiertas para seguir pensándolo; Si los datos que nos aportan la "intelligentzia" (aquellas gárgolas del statu quo), son falsos, es decir -parados desde el razonamiento "jauretcheano"-, se narra una historia sin pueblo, sin evolución de los procesos históricos, sin conflicto de intereses entre la Patria y la antipatria, sin reconocer la importancia de liderazgos estratégicos, sin comprender las distintas lógicas de conducción política de un Estado, entonces caemos en vaciar la historia de contenido y de falsearla para que sirva a intereses oscuros. El lema "Ni vencedores ni vencidos" que repitiera la "Fusiladora" de 1955 -los militares que bombardearon la Plaza de Mayo y derrocaron a Perón-, ha sido la consigna panfletaria de todo historiador que fue, concientemente, antipopular y escribió la historia de los que ganan, que siempre son aquellos que tienen las riendas de la dominación cultural, los medios de comunicación a su alcance y la posibilidad de otorgar premios y castigos a los escribas naturales de la historia oficial. En esa lucha política interviene el revisionismo histórico como una tacuara montonera que atraviesa de un solo golpe el pecho de la aristocracia del dinero y el colonialismo mental.


(1)Política Nacional y Revisionismo

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