El reverso de lo esencial

April 5, 2019

 

Acompañé a Candela hasta su casa y en el camino decidí que, en caso que me invitara a pasar y terminar la salida juntos en la intimidad de su hogar, diría que no. ¿Por qué? No hay un porqué. Lo habíamos pasado bien durante la comida en el bar céntrico y luego llegaría el gran evento de la noche, por el que tanto tiempo habíamos esperado: el estreno de la película “US” (“Nosotros” en español) de Jordan Peele, un comediante que en menos de 3 años metió dos goles de media cancha en el mundo del cine si contamos el film que íbamos a ver y su debut con “Get Out” (“Huye!” en 2017) que rompió todo ni bien salió, ya que funcionó como una extraordinaria crítica política y social sobre lo que viven los negros en Estados Unidos y la violencia institucional por parte de la policía que no es muy distinto de lo que sucede en los barrios de nuestro país. Todo eso pasa mientras estamos viendo una película de terror. ¿Se puede pedir más en una obra que logra conjugar esos condimentos para transformarla rápidamente en una de las mejores y que impulsa al género de terror hacia nuevos lugares todavía no explorados? Realmente no.

 

¿Podía pedirle algo más a Candela? No me creía con el derecho de hacerlo. Y así fue: el “¿querés pasar a tomar algo a casa” no llegó nunca. Uno planifica y quiere transformarse tanto en el héroe del asunto que se ahoga en un vaso de agua practicando excusas para cuando llegue el momento de evadirse, de volverse ninja y tirar “la de humo”. Pero ese acto nunca llegó. Ni llegará.

 

En el camino a su casa me habló de lo que más amaba en la vida: bailar. Pero no el típico baile en trance en un boliche con un trago en la mano, sino bailar con un grupo, aprender coreografías, mover el cuerpo hasta que el cansancio en los pies se vuelva placentero por el dolor físico y la adrenalina del mientras tanto. ¿Pueden imaginarlo? Dolor, placer y adrenalina. Demasiado para tener que aguantar, pero hay cabezas y espíritus que están preparadas para soportar más de lo que creemos. Estimo que ponerse en esa situación sería una buena prueba para ver hasta donde podemos llegar sin cambiar ni un tantito así de lo que somos.

 

Me contó que tenía ganas de pintarse el pelo de colores, que quería viajar por el mundo para perfeccionarse en la escuela de no se quien, pero que, según ella, era “Dios”. “Quiero bailar en los teatros más importantes del mundo, y no quiero que nada ni nadie frene mi sueño. Después de todo, el mundo nos pertenece, y el baile es mi manera de decirles a todos que voy a reclamar el pedazo de mundo que es mío.”

 

Esa mirada desafiante y convencida hizo darme cuenta que Candela estaba decidida a dar una pelea que estaba más allá del ahora que estábamos compartiendo. La ví segura en sí misma y me transmitió esa sensación también. Hacía mucho que nadie me animaba a rebelarme de ese modo, haciéndome pensar que el mundo nos pertenece y que tenemos que reclamar ese pedazo que nos corresponde. ¿Qué era eso que había escuchado? Mientras intentaba procesar esa idea tenía dando vueltas el soundtrack de la película que recién habíamos salido de ver y todo eso junto me hacía vivir mi propia película, con una heroína que se subía a su caballo, o a su nave espacial, o a su moto intergalactica y se iba por todo el universo combatiendo a los monstruos arcaicos más tenebrosos de la galaxia en busca de su sueño, de su realización efectiva, de su felicidad, que es también, la victoria de la comunidad. Ya que la realización de cada uno de nosotros también aporta a la felicidad colectiva. Ella desde su lugar iba a dar lo mejor para que cada uno de nosotros podamos tener el pedazo de tierra que nos corresponde, no por capricho, sino por derecho. Y como todo derecho, este debe alcanzarse por medio de la lucha.

 

Ese círculo en la cabeza me llevó a pensar que a veces hace falta extender los límites de la imaginación y de la voluntad para darnos cuenta que tenemos todo por ganar si no nos rendimos hasta que las cosas vuelvan a ser más justas. “Leí tu artículo de los Vampiros Blancos. Me gustó, pero me parece que te guardaste muchas cosas. Podrías haber contado más. Después de todo no es más que la verdadera historia que traspasa los libros, los medios y las redes sociales: la lucha entre dos clases que no tiene resolución posible. Al menos en forma pacífica. Porque en cuanto una acepta a la otra, cabe la posibilidad de que la dueña del dinero aplaste a los que trabajan. Ya hay un derramamiento de sangre, todos los días, y no es por goteo. Es en forma criminal. Y yo pensando en bailar, ¿no te parece contradictorio?”.

 

Esta chica me voló la mente. La charla podía extenderse unos minutos más pero ya estábamos en la puerta de su casa y la despedí agradeciéndole las palabras. “No me agradezcas, me parece innecesario, además de falso”, y abrió la puerta para meterse lo más tranquila, sin sentir un centímetro de culpa por lo que había dicho. Ahí me puse los auriculares y emprendí el camino de regreso a mi casa, con la cabeza explotada de ideas, mientras sonaba “La Razón a Voluntad” de la banda argentina Fútbol, y lo que más me impactó fue el verso que decía “Un día terminé aprendiendo / Que vivía en la oscuridad / La mentira sostenía / Inventando para mí la realidad”. Tomé el cuaderno, mientras sonaban los violines del adiós, y comenzaba a ecribir en una forma indefinida: “Acompañé a Candela hasta su casa y en el camino aprendí que a veces es necesario camuflarse para no caer en el radar equivocado. La verdad muchas veces es cruel pero no deja de ser menos verdadera. Toda verdad tiene un poco (o mucho) de violencia ya que no hay lugar para dos verdades, y una se impone a la otra por la fuerza para legitimarse. Lo que cada uno de nosotros es libre de elegir es que máscara quiere usar para no ser descubierto. Después de todo, no es suficiente ponerse los lentes de la ideología para mirar la realidad. Es más útil aprender a descifrar el reverso de lo esencial.”

 

 

 

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