Los Vampiros Blancos

March 31, 2019

En 1931 se estrenaba “M - Eine Stadt sucht einen Mörder”, película dirigida por el austriaco Fritz Lang. El mundo hispanoparlante conocería la obra bajo el título “M, el vampiro de Düsseldorf”, y en nuestro país se estreno con el particular nombre de “M, el vampiro negro”. En la misma se cuenta la historia de un criminal que asesinaba niños en la ciudad alemana de Düsseldorf y planteaba el problema y la toma de posición de la comunidad en cada asesinato que se producía. Es interesante prestar atención como la policia juega un rol de control total sobre la sociedad y como cualquier hombre que se viera en la calle de la mano con un niño, automáticamente era reprimido. La escena final con el alegato del “Vampiro Negro” frente a un tribunal integrado por los habitantes de la ciudad sirve para hacernos reflexionar sobre el significado de la Justicia, así, en mayúsculas, y no la justicia en minúsculas que se práctica en algunos edificios del Poder Judicial Argentino.

 

En la Argentina de hoy como en la Alemania que presenta la película de la década del 30, hay una explosión cloacal de las entrañas del Poder Judicial que salpica y enchastra a periodistas, operadores políticos, empresarios, pero también a la sociedad argentina en su conjunto, ya que ante la cantidad de hechos de extorsión y de persecución política que están viviendo referentes opositores populares, sindicales y militantes hacen que la democracia caiga en su valor. De alguna manera, así como la inflación de los precios hace que se devalue la moneda nacional, también pasa lo mismo con la degradación institucional en el país, de la cuál los nuevos Vampiros Blancos que se alimentan de la sangre argentina tienen toda la responsabilidad.

 

El crítico cinematográfico, periodista y docente argentino Leonardo D´Esposito en su libro “Todo lo que necesitas saber sobre Cine” explica de que se trató la corriente del Expresionismo Alemán, de la cual Fritz Lang fue uno de sus exponentes: “Monstruos, seres enloquecidos, fantasmas, edificios cuya sola arquitectura -como escribió Chesterton- es malvada, genios perturbados. El cine alemán de los años veinte funcionó como una profesía de los oscuros tiempos por venir y, al mismo tiempo, proveyó a todo el cine de una técnica narrativa y un dominio de la luz que transformaría más de un género, además de un puñado de directores clave en la historia del séptimo arte. Fue producto de una época de inestabilidad y crisis, cuando era necesario convertir en imagenes un estado de ánimo difuso y un miedo que no encontraba como ser descripto. Llamar a este cine “expresionista”, es en realidad una reducción aunque su legado de fantasías temibles y de la puesta en escena del miedo y la angustia expresaron los abismos internos de muchos artistas”.

 

Es necesario, entonces, que los artistas de nuestro país salgan a aportar una reflexión contundente sobre lo que sucede no solo en Argentina, sino también en América Latina, ya que pertenecemos a una misma tierra y hermanados en un mismo destino de liberación. Suena contradictorio quizás exigir crear un sentido de descolonización y hacerlo aludiendo al cine alemán de los años 20-30, pero sería un error no reconocer lo que otros realizaron en cualquier lugar del mundo y que si bien tenemos directores de cine nuestros que también se plantean reflexionar sobre la historia argentina (Mario Soffici y su lectura de lo nacional en tensión constante; Hugo del Carril y su obstinación de la concreción del ideario argentino en la cultura; Leonardo Favio y la intrepretación de los símbolos fundamentales en el mito peronista; Leopoldo Torre Nilsson y el análisis de la burguesía delirante que contagió a la clase media argentina), es urgente discutir con otras obras que se proponían reflexionar sobre lo mismo que nos sucede, así sea en la otra punta del planeta.

 

No debemos refugiarnos en las trampas que nos plantean los Vampiros Blancos que hoy nos gobiernan. No alcanza, obviamente, con clavarles una estaca en el pecho o con mostrarles una cruz para derrotarlos. Tras años y años de preparación, ya están más que entrenados en las artes oscuras del cinismo y nada parece que vuelvan a su identidad humana. Hace tiempo que eligieron construirse en neo-vampiros que no solo chupan la sangre del Estado, sino que también se adueñan del producto nacional del esfuerzo de todos los argentinos, y lo hacen sobre la base programática de la transferencia de ingresos de mano del pueblo trabajador a los centros financieros, fondos buitres y empresarios antinacionales. ¿O acaso el 32% de pobreza a la cual nos ha llevado el gobierno de los vampiros no es también una muestra de la sangre que están dispuesta a derramar en pos de la concreción de sus políticas afines al Fondo Monetario Internacional?. A un proyecto político de los Vampiros Blancos neoliberales solo los puede derrotar un proyecto político de los que Luchan y no se resignan a vivir con las migajas que estos nos tiran para calmarnos un día más. Están esperando el mejor momento para atacarnos al cuello y chuparnos la poca sangre que nos queda.

 

 

 

Please reload