Yo no debo olvidarla

March 5, 2019

 

 

La transmisión de los símbolos que el pueblo construye son mas fuertes que cualquier relato posmoderno porque contienen en su conformación una síntesis entre lo artesanal, el amor compartido, la pasión desenfrenada y un toque de melancolía que expresan lo que alguna vez fuimos y que nos ata a un tiempo pasado como hilo temporal para no perdernos en el presente (o no dejarnos engañar por los destellos luminosos del capitalismo financiero, donde nos mastica un discurso de odio donde el enemigo es mi prójimo y no “los mercaderes del templo”).

 

Aquellos que negocian con la fuerza del trabajo ajeno y que especulan y apuestan las economías nacionales y soberanas como en una mesa del casino frente al Fondo Monetario Internacional, se sienten ganadores y creen que pueden anular la idea de muerte y no sienten que, como todos nosotros, moriremos en algún momento y solo quedará lo que hicimos en la vida. Ese testimonio que hemos dado en vida, no muere, en la medida en que las nuevas generaciones tomen esas experiencias para continuar encontrando puntos de encuentro entre todos, para cuidarnos, para alertar, pero sobre todo, para construir identidad y sentido de paz y de justicia social, por más distintos que seamos, y aún así, reconocernos que compartimos un mismo destino, cubriéndonos del sol intenso bajo el mismo árbol, compartiendo la misma mesa, refugiándonos en la misma casa cuando el invierno más crudo golpee. Nadie puede solo.

 

Sabemos que el Pueblo tiene en sus espaldas milenios de lucha, de resistencia, y de construcción de un destino común para toda la humanidad y la naturaleza. Por último, para poder ayudar a la reflexión en estos tiempos donde el sistema pisa el acelerador para que no recordemos de dónde venimos, compartimos un fragmento de Mircea Elliade, publicado en “El Mito del Eterno Retorno” de 1968: "Una era nueva se abre con la construcción de cada casa. Toda construcción es un principio absoluto, es decir, tiende a restaurar el instante inicial, la plenitud de un presente que no contiene traza alguna de "historia". Claro está que los rituales de construcción que encontramos en nuestros días son en buena parte supervivencias, y es difícil precisar en qué medida les corresponde una experiencia en la conciencia de quienes las observan. Pero esta objeción racionalista es desdeñable. Lo que importa es que el hombre sintió la necesidad de reproducir la cosmogonía en sus construcciones, fuesen de la especie que fuesen; que esa reproducción lo hacía contemporáneo del momento mítico del principio del Mundo, y que sentía la necesidad de volver con toda la frecuencia que fuera posible a ese momento mítico para regenerarse."

 

Siempre la música dió ejemplos valiosos, y el caso de la cantante y compositora argentina Luciana Jury es importante para poder explicar a que nos referimos. En la biografía de su página web nos encontramos con una historia de vida marcada por la síntesis constante: “Nació en Buenos Aires, Capital Federal, el 18 de junio de 1974. Su madre, Marta Mantello lectora empedernida, amante de la palabra y cantante natural junto a su padre el escritor y director de cine Zuhair Jury, también apasionado por la guitarra, la pintura y el canto, fueron quienes sembraron en Luciana una fuerte inclinación hacía el folklore, la música de raíz. Mujer habitante de las orillas, donde promedia el campo y la ciudad hicieron que aún hoy siga sostenida en este pedazo de universo conurbano donde conviven el tango, la cumbia, el rock, el folklore y realidades duras. A lo largo de su vida Luciana ha intentado dirigir su voz y expresividad hacia estos territorios pero también hacia ese punto incognito que carga sobre sí la angustia, y al mismo tiempo el asombro, por la existencia misma.” Además, Luciana es sobrina del eterno Leonardo Favio, y aquí podemos ver una impresionante interpretación de “Ella Ya Me Olvidó” del propio Favio, acompañado de un hermoso homenaje a su tío. No se lo pierdan.

 

 

* La imagen de portada pertenece a la película "Gatica, el Mono", dirigida por Leonardo Favio y estrenada en 1993. 

Please reload